lunes, 26 de marzo de 2018

Opinión sobre la formación formal e informal

Creo que dicotomizar estableciendo una clara frontera entre formación formal e informal impide reflejar los variados matices que se dan en los procesos formativos.

Pienso también que es arriesgado limitar la formación formal a la recepción pasiva de información.  A medida que las personas realizamos formación formal muchas veces se pierde la iniciativa, la curiosidad y el atrevimiento, aunque eso no es atribuible a que se trate de formación formal sino a que los responsables de la misma han sido incapaces de diseñar y proponer actividades formativas adecuadas que eviten esa situación.

Si bien es cierto que la formación formal “tradicional” en general carece de estímulos suficientes que fomenten un aprendizaje activo, en mi opinión, una formación formal, si está bien planteada, puede ser más eficaz y eficiente que la formación informal.

Como entre el blanco y el negro hay muchos grises; también reconozco que en los procesos de formación formal (en teoría más planificados, estructurados, dirigidos y con profesionales ayudándonos) deberían aprender mucho de los procesos de formación informal (sin planificar, sin profesionales de la formación, no estructurados, caóticos, imprevisibles, espontáneos,…)..

Por ejemplo en la formación informal un fracaso nos hace aprender, ya que al tratar de enfrentarnos a la solución de un problema hemos aprendido mucho y el fracaso nos guía en como realizar la nueva búsqueda de la solución.

En el proceso de formación formal un fracaso (suspenso) no nos sirve para aprender, sino para repetir el mismo proceso de formación (que ya fracasamos); es como si cada vez que en la vida real cometo un error, vuelvo a realizar los mismos pasos una y otra vez. Como diría Bart Simpson ¡Pero para que me vuelven a contar lo mismo, si ya suspendí!

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